Serie: House, M.D.

Ya está. Después de ocho años (se dice pronto) termina House, M.D., mi serie favorita de imagen real. Y lo cierto es que me alegra que lo haga de forma digna, con toda una temporada para mostrarnos su desenlace, pues las series de este tipo no pueden (ni deben) durar toda la vida. Ya no es sólo que la audiencia del programa hubiese visto años mejores, sino que Hugh Laurie, tras diversos premios y un papelón memorable, se merece dar carpetazo y abordar otros proyectos (aunque sea como músico blues, que tampoco lo hace nada mal).

Sobre el final en sí, y a pesar de que ha generado algunas decepciones (nunca llueve a gusto de todos), comentar que a mí me ha encantado. Las series no deben tener finales espectaculares, sino los que necesitan, y visto lo visto no había mejor manera de terminar con la historia del doctor Gregory House. ¿Que otros season finale fueron más impactantes? Pues sí. Es difícil superar capitulazos como “Both Sides Now” (5×24) o “Help Me” (6×22), pero esos episodios estaban hechos para dejar con ganas de más para las temporadas siguientes y se sustentaban en el drama de la vida de House. “Everybody Dies” (8×22), y digo esto teniendo en cuenta que la serie lo es de personajes (si su historia tirase de una trama elaborada ya otro gallo cantaría), debía resolver el único conflicto que siempre ha tenido la serie: el propio House. Y lo resuelve cerrando cualquier posibilidad de vuelta, así que perfecto.

Eso sí, aunque la idea del desenlace me ha gustado mucho porque el personaje se merecía ese final, el episodio en sí no es que haya sido gran cosa y el monólogo interior de House se presenta de forma demasiado precipitada. Sin embargo, tampoco pedía el oro y el moro, pues esta temporada no ha sido de las mejores y realmente sólo ha merecido la pena el “arco” de Wilson (por no mencionar que a Foreman se lo cargan, y que Park y Adams están muy desaprovechadas).

Así que ya está, termina la serie, pero yo siempre recordaré esos geniales diálogos y personajes aderezados con dilemas humanos. Pero sobre todo, a ese sarcástico doctor, al cretino del bastón adicto a los misterios.

Nota final: no es lupus.

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