Opinión: Ser fangirl en Occidente

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Img (c) Nobita

Ejemplo de fanartista japonés que comparte con todo el mundo sus impresionantes ilustraciones y doujinshis.

De alguna u otra manera, encajo bastante bien en la descripción de “fangirl”, un término que para mí se refiere (en cierto modo) a alguien que le da bastante importancia a los fandoms de las obras que sigue. Es decir, una fangirl clásica busca y disfruta de fanarts, fanfics u otras obras no oficiales derivadas de una serie o un proyecto anterior.

Desde que comencé a navegar por Internet hace más de diez años siempre me ha interesado el mundo de los fans como entidad creativa capaz de darle un giro de tuerca a los proyectos con los que (supuestamente) sólo deberían tener una relación unidireccional y actuar como meros espectadores. Pero el fandom consigue transgredir ese rol y se le puede atribuir el mérito de crear un mundo propio alrededor de una industria fría y que en principio sólo busca el beneficio económico. Y lo mejor de todo: sólo por amor a ese producto en concreto.

Antes he especificado con términos como “fangirl”, “fanart” o “fanfic”; pero en realidad todo esto se puede extrapolar a algo tan general como todo lo que implica la palabra “fan”. Sin embargo, aunque he hecho una pequeña introducción de lo que opino sobre este mundillo, mi artículo de hoy es mucho más específico. Hoy quiero hablar de la escena doujin (indie) japonesa, centrándome sobre todo en el mundo de los fanartistas y los doujinshis (mangas no oficiales basados en series, u obras originales autopublicadas en este formato).

Pero ¿por qué hablar ahora de esto?

Realmente no hay una razón “de peso”. Simplemente llevo bastante tiempo queriendo decir lo que pienso al respecto y hace unas noches cierta web de scanlations me dio la excusa para ello gracias a uno de sus banners de publicidad, donde se podía ver una de esas imágenes aleatorias tipo “NUNCA HAS VISTO ALGO TAN INCREÍBLE COMO ESTA TETERA VOLANDO”, y otras perlas de publicidad barata. Mi sorpresa llegó cuando vi, entre otros muchos fanarts, uno de Rito (Pixiv), especialmente conocida por su contribución a Hyouka. Movida por la curiosidad, pinché en el banner cual abuela que ve un anuncio de “HAS GANADO UN MILLÓN DE EUROS” y me encontré con algo que, tristemente, esperaba: fanarts con marcas de agua de la página en cuestión y ninguna indicación de que el dibujo perteneciera a Rito. Es decir, un desprecio y un fusilamiento absoluto por la obra, el trabajo y la dedicación de otra persona. Pero no hay que precipitarse, tal vez la persona encargada de dicha web no supiera que era un fanart. Tal vez lo encontrara en otro sitio en el que no se especificaba la procedencia del mismo. Y tal vez yo me preocupe por tonterías, pero esta anécdota me sirvió de nuevo para reflexionar ciertas cosas.

Internet es un medio donde es muy fácil aprovecharse del trabajo de los demás, y el mundo de los fanartistas no es una excepción.

Esto, unido al hecho de la natural honestidad de la idiosincrasia japonesa, consigue que muchos artistas amateurs se desmotiven ante la falta de respeto de ciertos internautas. Así, algunos de ellos acaban optando por “prohibir” la difusión de sus trabajos. Da igual que les cites, les pongas como fuente o les dediques un poema dejando bien claro que tú no eres el creador de la obra, lo de su cuenta en Pixiv no se toca, y punto.

Lógicamente, esta postura me parece del todo aceptable, pues es el creador de algo quien decide qué hacer con ello, ya sea publicarlo, tirarlo a la basura o hacerse un sombrero con él, y nosotros tenemos la obligación moral de respetarlo. Pero ¿por qué hemos llegado a este punto? ¿Por qué no puedo difundir lo que me gusta libremente si cito y nombro al creador en cuestión?

Después de tantos años, me he encontrado de todo: fanartistas que “prohíben” las descargas de sus imágenes, fanartistas que ni te responden a correos escritos en su idioma natal tras pedirles permiso para utilizar una de sus imágenes, fanartistas que se alegran muchísimo de tener fans en la otra punta del mundo, fanartistas que te responden con un despreocupado “Claro” cuando les preguntas si puedes utilizar su material para hacer algo tan simple como un avatar… De todo hay en la viña de Cthulhu, efectivamente, pero no deja de pesarme la parte negativa de la cuestión, pues me es inevitable pensar que estamos pagando justos por pecadores, aunque sea a nivel de la imagen que los fanartistas tienen de los internautas (pues está claro que una persona no puede controlar ni comprobar si sus obras están siendo utilizadas en cada pequeño rincón de esta gigantesca Red, y lo de “prohibir” – de ahí tantas entrecomillas – es simple palabrería).

Pero si en este sentido me posiciono a favor del artista japonés, hay algo que nunca entenderé de los mismos: su política en la distribución de doujinshis.

Aunque es comprensible su preocupación, me parece un sinsentido que un fanartista japonés despotrique sobre las scanlations de sus doujinshis que nos llegan a Occidente gracias a Internet. Y me parece un sinsentido por varias razones:

  1. Un fan occidental no tiene ninguna facilidad para adquirir doujinshis japoneses desde su casa como un comprador japonés más. Las principales tiendas online niponas con este material (Toranoana, Melon Books) no venden al extranjero, y las pocas que sí lo hacen (Mandarake, Alice Books), o inflan sus precios (aparte de tenértela jurada en los gastos de envío) o cuentan con poquísimo material disponible. Por lo que si quieres comprar el doujinshi que quieres por 500 u 800 míseros yenes (4-6 euros), o te buscas a un amigo japonés que te los envíe o pagas por los servicios de un intermediario. En resumen, contactos o dinero. Sí, como en el contrabando.
  2. La tirada que se produce en el mundo doujin es ínfima comparada con las grandes editoriales comerciales; y muchos doujinshikas no reeditan sus obras, por lo que, pasado un tiempo (y cuando digo “tiempo” me refiero a un par de años o menos), ciertos doujinshis son imposibles de adquirir de forma comercial porque están más que agotados y el autor no se preocupa por preparar una nueva edición, ya sea porque no le interesa o porque el fandom ha pasado de moda. Además, no todos los doujinshikas venden de forma online y sus obras sólo se pueden adquirir en encuentros doujin concretos. En resumen, ¿qué quieres que compre si no lo puedo comprar?
  3. “Pero, también está la segunda mano por Internet, ¿no?”. Claro, y también hay gente que se compra yates, joyas y apartamentos en la playa. Antes comenté que los doujinshis cuestan una media de 500 u 800 yenes, y también los hay de 1.200 o 1.500, depende del número de páginas y del tipo de impresión/maquetación; pero ¿os habéis paseado alguna vez por eBay buscando doujinshis? Los precios se inflan hasta un 100% más, y he llegado a ver productos de 600 yenes (4’70€) por 30-40€. De nuevo, don Dinero hace aparición (por cierto, ésa es la cifra por la que rondaría un pequeñísimo lote de doujinshis vía intermediario).

Con todo, no quiero imponer mi punto de vista a unos artistas que hacen lo que quieren con sus obras, pues por ello son suyas. Mi lista no es una reprimenda, no, sino una petición: por favor, comprendednos. Ya dije algo parecido en este artículo, pero seguramente muchísimos fanartistas japoneses ni se plantean que tienen seguidores más allá de sus fronteras o que la gran mayoría de nosotros jamás llegará a leer sus obras por no tener esa posibilidad.

Personalmente, creo que estos artistas no deberían indignarse por el hecho de que escaneen y suban sus doujinshis, y que sí deberían preocuparse por aquella gente que sí se está aprovechando económicamente de su trabajo: intermediarios y vendedores que van más allá de la mera figura del distribuidor (que también se lleva un margen, claro, pero lógico al fin y al cabo) e inflan los precios originales de sus doujinshis por el simple hecho de que estos son una rareza y que pueden hacerlo por contar con el monopolio de la distribución en Occidente.

¿Mis propuestas para solucionar todo esto?

  1. Descargas digitales para el extranjero. Melon Books y Toranoana ofrecen ediciones digitales de sus productos, pero sólo para compradores japoneses. ¿Por qué no abrir esta posibilidad al resto del mundo? ¿Por qué los doujinshikas no se preocupan de que sus obras puedan comprarse en formato digital sin ningún tipo de restricción? Llamadme visionaria, pero creo que así venderían más (qué puedo decir, yo y mi habilidad natural para los negocios).
  2. Si ya han pasado X años desde que un doujinshika lanzó una obra y no piensa reeditarla ni a las tiendas les queda stock, ¿por qué no liberar el doujinshi? Al fin y al cabo, no hacerlo sería aportar mucho menos (nada) que sí difundirlo gratuitamente mediante Pixiv o las webs personales del autor en cuestión. Y no, esto no es una utopía, pues puedo mencionar a más de un fanartista japonés que lo hace.

Pero claro, esto no es Los mundos de Yupi y todavía estamos lejos de que la industria doujin funcione en Occidente (exceptuando la industria de los videojuegos, que sí parece que está buscando su sitio gracias a algunas distribuidoras como Nyu Media).

Sea como sea, mientras, seguiré fangirleando.

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7 pensamientos en “Opinión: Ser fangirl en Occidente

  1. Llegué por casualidad acá y me pareció digno comentar ésto:

    La verdad es que todos los puntos que comentas son totalmente entendibles y válidos, el verdadero drama detrás de la situación de “muchísimos fanartistas japoneses ni se plantean que tienen seguidores más allá de sus fronteras” es que va más allá de eso: No es que no se lo cuestionen, de hecho muchos lo hacen, el problema es que NO LES IMPORTA. Para muchos artistas de Doujinshi su concepto de “fandom” y de las cosas que a ellos les gusta radica exclusivamente en Japón… y NADA más que Japón.

    Los motivos son varios y sería para debatir uno por uno pero el mayor de todos es el de carácter cultural: La gran mayoría de ellos (y lo sé porque he hablado con varios) piensan que sus gustos y su arte “no es comprendido” afuera de Japón, en especial después de todo el revuelo que ocurrió con Rapelay y que prácticamente muchas tiendas de Doujin tuvieron que bloquear IPs extranjeras porque se sintieron “atacados culturalmente” por gente que no debería ni siquiera saber de su existencia.

    Incluso dentro del marco del Doujin Soft (como diste de ejemplo a Nyu Media) es casi una excepción a la regla. Recuerdo que Carpe Fulgur (la gente que trajo Recettear a Steam) comentó que les costó enormemente conseguir los derechos de Fortune Summoners porque el creador del juego decía que su título no iba a ser comprendido en el extranjero y que no le importaba nada de lo que sucediera afuera. Es una realidad muy palpable y lamentablemente tiene que existir un cambio de mentalidad en la sociedad Japonesa antes de pedir lo que expones en tu lista. Saludos.

    • Gracias por opinar. Lo que comentas responde una vez más a la automarginación japonesa y el rechazo por lo extranjero, detalles que no sólo existen en esta esfera, sino que impregnan la sociedad japonesa en su totalidad.

      Realmente, este tema se debería tratar con más profundidad para entenderlo completamente, y uno de los puntos de vista que habría que añadir es el que comentas, precisamente.

      Sin embargo, en esta ocasión quería centrarme en:
      1. Algo que nosotros sí podemos evitar: maltratar el trabajo ajeno.
      2. Las posibles soluciones (por muy descabelladas que sean) ante la imposibilidad de comprar doujinshis descatalogados, en general (porque este “problema” también lo tienen los japoneses y no es normal encontrar un doujin disponible en formato digital).

      De hecho, ya lo he dicho al final: mi visión es completamente utópica y esto no cambiará de la noche al día. Pero desde luego, la esfera doujin no se puede abordar en un artículo de apenas dos páginas.

  2. ¡Y está muy bien que lo digas! aunque si nos tiramos totalmente a la conversación de los derechos de autor en internet yo creo que ya estamos totalmente jodidos. Incluso a mí me han asaltado literalmente letra por letra artículos que escribo para mi página y los han firmado con otro nombre. Ya es un tema global, aunque de todas formas me alegra que exista gente como tú con decencia frente al tema. これからもがんばってください

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