Opinión: Sobre el streaming legal de anime

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Img: ザキコ

A mi modo de ver, creo que nadie puede negar que la difusión del anime en Occidente se ha visto siempre beneficiada por la práctica del fansubbing (subtítulos por y para fans). Y, aunque a día de hoy el anime sigue teniendo “poca” presencia en nuestra sociedad, imaginemos por un segundo cómo sería la situación si no existieran los fansubs o las scanlations.

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Personalmente, le estoy muy agradecida a los fansubs. Sin ellos no me gustaría tanto el anime, y aprecio mucho las horas que una persona puede dedicarle a una afición por el simple hecho de compartir algo que le gusta con los demás. Es más, sería una hipócrita si despreciara incluso por un segundo a los fansubs, pues yo misma he participado en ellos.

Dicho esto, y saltándome muchas de las bondades de estos grupos de fans, me gustaría hablar de un fenómeno más o menos reciente en Occidente, de apenas unos años de “antigüedad”. En definitiva, del streaming legal de anime.

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Opinión: Ser fangirl en Occidente

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Img (c) Nobita

Ejemplo de fanartista japonés que comparte con todo el mundo sus impresionantes ilustraciones y doujinshis.

De alguna u otra manera, encajo bastante bien en la descripción de “fangirl”, un término que para mí se refiere (en cierto modo) a alguien que le da bastante importancia a los fandoms de las obras que sigue. Es decir, una fangirl clásica busca y disfruta de fanarts, fanfics u otras obras no oficiales derivadas de una serie o un proyecto anterior.

Desde que comencé a navegar por Internet hace más de diez años siempre me ha interesado el mundo de los fans como entidad creativa capaz de darle un giro de tuerca a los proyectos con los que (supuestamente) sólo deberían tener una relación unidireccional y actuar como meros espectadores. Pero el fandom consigue transgredir ese rol y se le puede atribuir el mérito de crear un mundo propio alrededor de una industria fría y que en principio sólo busca el beneficio económico. Y lo mejor de todo: sólo por amor a ese producto en concreto.

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