J-Drama: Frenemy: Rumble of the Rat

Frenemy

  • Frenemy: Rumble of the Rat
  • フレネミー ~どぶねずみの街~ (Frenemy ~ Dobunezumi no Machi!)
  • 12 episodios (20 minutos)

Lo cierto es que no soy muy amiga de los dorama japoneses. He visto unos cuantos, sí; pero no puedo considerarme fan del género. No obstante, Frenemy: Rumble of the Rat llegó a mí por circunstancias de la vida y la verdad es que no me ha parecido una mala serie en absoluto.

Su historia está protagonizada por dos amigos de la infancia que, interpretados por dos miembros de Exile, el archiconocido grupo musical japonés, son separados en su juventud tras la muerte del padre de uno de ellos. Así, Natsuo (Shokichi) pasará a estar solo en la vida, teniendo la esperanza de reencontrarse de nuevo con su hermana pequeña a pesar de convertirse en todo un delincuente. Con todo, Natsuo vuelve a verse años más tarde con Wataru (Naoto), su viejo amigo, en un club de compañía que ahora regenta bajo el liderazgo de un pez gordo de los bajos fondos de la ciudad. Todo ello mientras una investigación policial se está llevando a cabo para destapar una red criminal que encierra más de un secreto vinculado al vicio de las apuestas.

Como se puede ver, Frenemy tiene una trama más que típica en donde es protagonista el mundo criminal japonés. Sin embargo, todos los clichés de la serie se enmascaran bastante bien con una cuidada realización. No hay que perder de vista que nos encontramos ante una serie japonesa para televisión de doce episodios, pero sale bien parada en sus limitaciones y, en conjunto, termina siendo un j-drama entretenido en caso de que al espectador le guste el contexto de su mundo oscuro (dulcificado, eso sí).

En cuanto a las actuaciones, hace tiempo que me resigné a la idea de dejar de evaluar la capacidad de los actores japoneses. No sé cuándo se supone que están actuando bien, cuándo mal o cuándo, simplemente, hacen lo que los espectadores japoneses esperan de ellos. Como en todo, los japoneses tienen su propia forma de hacer las cosas, y el mundo de la actuación no es una excepción. A pesar de que para mis estándares sí salvaría un par de actuaciones en Frenemy (la de Shokichi desde luego que no), puedo escurrir el bulto diciendo que las actuaciones en este caso no se desmarcan de lo ya visto en otros productos japoneses de imagen real, así que los habituales de los j-drama sabrán perfectamente qué esperar en este sentido.

En definitiva, y a pesar de que se me ocurren mejores proyectos de este género criminal, Frenemy puede ser una buena serie para los seguidores del j-drama o los fans de Exile, sobre todo para aquellos que quieran ver a Shokichi y Naoto marcando músculo y enseñando pechito.

Serie: Adventure Time – Temporadas 1-4

Hora de Aventuras

Tras unos meses de visionado, puedo decir que estoy al día con Hora de Aventuras (Adventure Time; Estados Unidos, 2010).

Ya se ha dicho mucho acerca de esta serie de Pendleton Ward y Cartoon Network, pues la misma es terriblemente popular en el ancho mundo de Internet. Y tras ver las aventuras de Finn y Jake durante más de 52 episodios, puedo decir que suscribo todos los comentarios positivos que se han dicho sobre ella por activa y por pasiva.

Hora de Aventuras es de esas series de animación occidental que se visten de producto infantil cuando en realidad son igual de entretenidas para el público juvenil o incluso adulto. Sus carismáticos personajes, su humor absurdo y su latente transfondo son elementos que la convierten en una obra atractiva para los amantes de la animación en general y la comedia en particular.

En definitiva, es una serie con personalidad que merece ser tenida en cuenta. Además, el doblaje en castellano (en cuanto a voces y adaptación) es de los mejores que he escuchado en mucho tiempo.

Pero ¿para qué enrollarme cuando lo único que necesito para definir la serie es exclamar…? ¡Matemático!

PD: Jake >> Finn.

Serie: House, M.D.

Ya está. Después de ocho años (se dice pronto) termina House, M.D., mi serie favorita de imagen real. Y lo cierto es que me alegra que lo haga de forma digna, con toda una temporada para mostrarnos su desenlace, pues las series de este tipo no pueden (ni deben) durar toda la vida. Ya no es sólo que la audiencia del programa hubiese visto años mejores, sino que Hugh Laurie, tras diversos premios y un papelón memorable, se merece dar carpetazo y abordar otros proyectos (aunque sea como músico blues, que tampoco lo hace nada mal).

Sobre el final en sí, y a pesar de que ha generado algunas decepciones (nunca llueve a gusto de todos), comentar que a mí me ha encantado. Las series no deben tener finales espectaculares, sino los que necesitan, y visto lo visto no había mejor manera de terminar con la historia del doctor Gregory House. ¿Que otros season finale fueron más impactantes? Pues sí. Es difícil superar capitulazos como “Both Sides Now” (5×24) o “Help Me” (6×22), pero esos episodios estaban hechos para dejar con ganas de más para las temporadas siguientes y se sustentaban en el drama de la vida de House. “Everybody Dies” (8×22), y digo esto teniendo en cuenta que la serie lo es de personajes (si su historia tirase de una trama elaborada ya otro gallo cantaría), debía resolver el único conflicto que siempre ha tenido la serie: el propio House. Y lo resuelve cerrando cualquier posibilidad de vuelta, así que perfecto.

Eso sí, aunque la idea del desenlace me ha gustado mucho porque el personaje se merecía ese final, el episodio en sí no es que haya sido gran cosa y el monólogo interior de House se presenta de forma demasiado precipitada. Sin embargo, tampoco pedía el oro y el moro, pues esta temporada no ha sido de las mejores y realmente sólo ha merecido la pena el “arco” de Wilson (por no mencionar que a Foreman se lo cargan, y que Park y Adams están muy desaprovechadas).

Así que ya está, termina la serie, pero yo siempre recordaré esos geniales diálogos y personajes aderezados con dilemas humanos. Pero sobre todo, a ese sarcástico doctor, al cretino del bastón adicto a los misterios.

Nota final: no es lupus.