Videojuego+Anime: Danganronpa: Kibô no Gakuen to Zetsubô no Kôkôsei

Danganronpa
Img: だぶ竜

A pesar de que me gustan los videojuegos, no es habitual que un título me ancle a la consola con pura ansia por completarlo. Por eso es raro que, en estos últimos meses me haya pasado con dos. A pesar de que no realicé ningún mini-análisis al respecto, me ocurrió con Zelda: A Link Between Worlds (Nintendo 3DS), un remake que posiblemente supere a su versión original. Y lo último que me mantuvo pegada a PSP fue Danganronpa: Kibô no Gakuen to Zetsubô no Kôkôsei. Hoy toca hablar de este “videojuego definitivo”.

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Videojuego: BioShock Infinite

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Aunque siempre me han gustado desde mis más tiernos años mozos y les he dedicado mucho más tiempo del que la gente piensa, los videojuegos cada vez me importan menos debido a mi ajustado tiempo de ocio y a ciertos cambios en mi lista de prioridades.

Con todo, esperaba este BioShock Infinite como agua de mayo. No soy muy seguidora de los shooters, pero hay dos franquicias de la “nueva generación” que me conquistaron desde sus comienzos por su ambientación y temática: Fallout y BioShock. Y gracias a Jose, quien me lo regaló por mi cumpleaños, he podido catar BioShock Infinite sin que haya pasado nada de tiempo. Y, ¿cuáles son mis impresiones tras haber viajado a la nueva Columbia, la ciudad flotante? ¿Mejor o peor que Rapture?

Aunque la pregunta pueda estar un tanto fuera de lugar, es inevitable plantearse dicha cuestión cuando el juego a tratar forma parte de una saga, pues las comparaciones surgen solas. Con todo, y a pesar de sus elementos en común, BioShock Infinite es, simplemente, diferente a los BioShock de Rapture. Personalmente, y aun sin querer desmerecer a la segunda, en cuanto a ambientación y jugabilidad (¿dónde están mis hackeos?), Rapture me sigue atrayendo más que Columbia; pero BioShock Infinite cuenta con dos elementos superiores a los vistos en los anteriores títulos: la pareja protagonista y su guión. Sin embargo, esta superioridad responde realmente a la evolución de la saga, pues en Rapture ya existían, tan sólo que de un modo más “primigenio”. Si se ha llegado a este nivel con el tercer juego, miedo me da el cénit del equipo tras BioShock. Por que sí, visto lo visto, se pueden superar.

Pero que no se me malinterprete, como aficionada a la sci-fi (y a los BioShock, porque como ya digo comparten elementos, y eso incluye los mensajes de su trama), debo decir que la historia tras BioShock Infinite no es innovadora ni transgresora (de hecho, es hasta evidente para cualquier jugador avispado); pero lo que hace grande a BioShock Infinite es la mezcla de todas sus cuidadas piezas: la arquitectura y la estética de Columbia, Booker, Elizabeth, los hermanos Lutece y la narración de sus acontecimientos. Todo ello sin olvidar un estilo de juego que, aunque repetitivo, engancha a cualquier fan de los shooters gracias a la configuración y la dirección de sus escenarios y a las características con las que contamos en combate (los raíles, los vigorizadores, la ropa que podemos ir cambiándonos…). Sólo una queja (clásica ya en esta saga): la dificultad. Aunque completé el juego en “Difícil”, la curva de dificultad es de risa gracias a Elizabeth y los abundantes recursos que pueblan Columbia. Tengo pendiente pasarme el juego en el “Modo 1999”, pero la dificultad inicial del título es bastante baja (aunque luego leí – tarde – que es posible desbloquear desde el principio el susodicho “Modo 1999”).

En definitiva, BioShock sigue molando y espero que lo haga durante muchos juegos más, aunque no sea bajo el mismo título pero sí con el mismo equipo de desarrollo. “Tráenos a la chica y saldarás tu deuda”. Irrational Games sí que ha saldado mis expectativas. Con creces.